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A PORTRAIT OF THE ARTIST AS A YOUNG MAN
LA TÉCNICA. IMPORTANCIA DE SER EXPONTÁNEO

Al investigar sobre el dibujo infantil e indagar paralelamente en la naturaleza del ansia que se despierta en la pubertad, pude observar cómo incluso ahora, cuando dibujo, son muchos los condicionantes conscientes e inconscientes de carácter digamos social, que han venido solapándose e influyendo desde el día en que alguien te dice eso de qué bien dibujas. Aquí empieza la maldición. Ya no se trata de garabatear sin más, de hacer más entretenido un momento de aburrimiento o soñar mientras contemplamos lo que va saliendo de nuestras manos, ahora lo importante es la impresión que el resultado de estas actividades despierten en los demás. En ese momento comenzamos a manipular una actividad hasta entonces espontánea, con la esperanza más o menos consciente de obtener de ésta actividad todas las ventajas personales que nuestra vanidad nos va dictando: comienza la andadura del virtuoso.

Quizá en momentos de la historia en los que existe una academia que establece las virtudes y su expresión, no se plantease ninguna duda, ahora bien ¿qué camino ha de recorrer el virtuoso hoy en día? el relativismo nos lleva a un callejón sin salida tras otro, todos los referentes expresan una virtud, una manera de crear válida y posicionarse ante cualquiera de ellos es siempre fuente de conflicto, parece que se nos dice que la virtud está en no posicionarse. Sin embargo para este proyecto no tenía otro remedio que posicionarme. La concepción primera de las imágenes llevaba implícita la intención de deslumbrar con unas ilustraciones todo lo ricas en iluminación, dibujo, texturas, etcétera de que fuera capaz… en fin, tratar de lucirme. Ser consciente de este afán de lucimiento me chirriaba y la frescura de algunos bocetos me parecía más convincente, que todo lo que yo pudiera trabajar en una ilustración más elaborada. Esto me llevó a conceptos de dibujo relacionados con la tradición oriental del sumi-e. Cuando se habla de sumi-e la capacidad del creador no reside tanto en lo virtuoso que se sea con el manejo de la técnica, sino que el componente fundamental que da sentido a una obra es un aspecto más bien interior. Se puede decir que lo importante lo genera y lo conserva el que pinta, es algo personal e intransferible con lo que no se puede comerciar ni obtener ninguna ventaja personal. Podemos decir que lo fundamental cuando se habla de sumi-e es la espontaneidad, es decir, el expresarse sin que ningún condicionante nos coarte, como cuando cantamos en la ducha o como los garabatos de un niño.

Es una concepción del dibujo que está en las antípodas de la visión occidental que hace que el desarrollo gráfico del individuo se interrumpa bruscamente en la pubertad. Desde nuestra perspectiva, incluso cuando consideramos las obras de sumi-e, las juzgamos en base a su relación con nuestros paradigmas, intentamos entender estas obras y apreciar su valor, considerando por ejemplo su frescura o la estructura subyacente en los dibujos más sencillos, necesitamos argumentos objetivos, posicionarnos ante un dibujo y demostrar nuestro criterio y nuestra sensibilidad. Aunque, naturalmente, no oponemos nada cuando se afirma que el auténtico valor de este tipo de dibujos no reside en los propios dibujos, sino en la capacidad del artista por expresarse en toda su pureza y libre de condicionamientos, nos damos cuenta de que esta tesis nos deja desarmados y, por muy sagaces que seamos en nuestra valoración de una obra de sumi-e, la profunda subjetividad desde la que se han de valorar estas obras, se impone a cualquier comentario o aportación extra que nuestra vanidad y nuestra inteligencia pretendan aportar. En esta coyuntura, ante nuestra propia frustración, lo más sensato es tratar de ridiculizar la tesis citada.

Si quería que las ilustraciones tuvieran alguna relación con los aspectos más profundos que sentía tocar en el proyecto, tenía que abandonar todo condicionante o al menos tratar de reducirlos a su mínima expresión. El sumi-e y la tinta negra se convertían en grandes aliados ya que las posibilidades de lucimiento se reducían a la más pura subjetividad, convirtiendo mi proyecto final más en un ejercicio de honradez y libertad, que en un escaparate desde el que exhibir en el mercado mis habilidades como ilustrador.

Un punto intermedio en este camino fue considerar las ilustraciones de Miquel Barceló para la Divina Comedia. Me sedujeron profundamente por su frescura infinita en lo formal, sin embargo en lo conceptual encontraba cierto apego a una visión algo tópica del texto de Dante. En mis bocetos del Retrato jugaba un papel fundamental una simbología personal inspirada por la lectura del libro, ésta simbología partía de una frescura de la que no era consciente al dibujar. Me daba cuenta de que los símbolos más o menos aventurados que se sucedían en los bocetos, participaban del mismo espíritu de espontaneidad que me planteaba la cuestión de optar por la técnica del sumi-e. Sin embargo la potencia visual de Barceló sí ha influido en algunas ilustraciones y, en términos más globales, hay que decir también que el trabajo de este artista ha sido inspirador por la libertad, intuición y compromiso personal con los que ha abordado la ilustración de la Divina Comedia. Observar esta actitud vino a reforzar las consideraciones desde las que me planteaba la posibilidad de acercarme técnicamente al sumi-e al realizar las ilustraciones, limitándome al uso de tinta negra. Encontré en el trabajo de Barceló un referente cercano, que me ayudó a poner en valor todas las consideraciones que me hacían dudar ante la exigencia de posicionamiento al elegir la técnica. La espontaneidad como medio no contempla ningún fin, significa que los fines se expresarán por sí solos y así, sin otra premisa, limitándome al blanco, al negro y a los grises, comencé a trabajar aceptando los resultados más o menos valiosos que iban apareciendo en las ilustraciones. Sentía que esta actitud entroncaba con la idea de recuperar niño y al adolescente que fuimos y por tanto mi opción estaba en íntima relación con los valores del texto.

CANTO III. VESTÍBULO: INDIFERENTES<br>Divina Comedia - Barceló CANTO V. CÍRCULO II: LUJURIOSOS<br>Divina Comedia - Barceló CANTO XXIII. CÍRCULO VIII. BOLSA VI: HIPÓCRITAS<br>Divina Comedia - Barceló CANTO XXVII. CÍRCULO VII. BOLSA VIII: MALOS CONSEJEROS<br>Divina Comedia - Barceló
El poeta Li Po, Liang Kai, 1140-1210 Bosque de pinos - Hasegawa Tohaku, (1539-1610) Tokyo, National Museum Paisaje, Ying Yü Chien, Siglo XIII Paisaje, Sesshu 1420-1506
CANTO III. VESTÍBULO: INDIFERENTES
Divina Comedia - Barceló
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